Durante el año que concluyó, México reforzó su posición global en la salvaguardia del patrimonio cultural, al lograr dos nuevas inscripciones en las listas de la UNESCO. Estos reconocimientos internacionales son el resultado de un trabajo de documentación, gestión y, sobre todo, de la participación activa de las comunidades portadoras de las tradiciones y los espacios sagrados.
En julio, la Ruta Wixárika por los Sitios Sagrados hacia Wirikuta fue inscrita en la Lista del Patrimonio Mundial. Este itinerario cultural, que abarca más de 500 kilómetros a través de Nayarit, Durango, Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí, protege 20 lugares fundamentales para la cosmovisión del pueblo Wixárika (Huichol). La distinción elevó a 36 el número de bienes mexicanos en la lista, consolidando al país como el primero en América con más reconocimientos de este tipo.
Posteriormente, en diciembre, la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa se sumó a la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial. La UNESCO valoró esta tradición comunitaria, vigente desde 1833, como una expresión profundamente arraigada de fe e identidad. El comité destacó el rigor con el que se obtuvo el consentimiento libre e informado de los organizadores y participantes, marcando un estándar en los procesos de nominación.
A nivel nacional, también se avanzó en la protección legal del patrimonio edificado. La ciudad de Zacatecas, ya declarada Patrimonio Mundial en 1993, completó su protección al ser decretada Zona de Monumentos Históricos en junio. Este estatus otorga un marco jurídico más sólido para la conservación de su invaluable centro histórico minero, complementando su reconocimiento internacional.










