Irán enfrenta el movimiento de protesta más significativo de los últimos tres años, con miles de ciudadanos tomando las calles de Teherán y otras ciudades a pesar de un severo apagón de internet y una represión que ha dejado decenas de muertos. Las manifestaciones, convocadas tras semanas de malestar social, se desarrollaron con consignas abiertamente críticas contra el gobierno.
La noche del viernes, los iraníes desafiaron las restricciones y salieron a protestar con gritos de “muerte al dictador”, en un claro desafío a la República Islámica. Las autoridades respondieron con un corte generalizado de internet y un despliegue de fuerzas de seguridad en un intento por controlar la circulación de información y limitar la organización de los manifestantes.
Este sábado, Reza Pahlavi, hijo del último sah de Irán y una de las figuras más visibles de la oposición en el exilio, llamó a los protestantes a “prepararse para tomar” los centros urbanos. En un mensaje en la red social X, Pahlavi subrayó que el objetivo ya no es solo manifestarse, sino “permanecer sobre el terreno” y mantener el control de plazas y puntos estratégicos.
La magnitud de las protestas y el llamado a una estrategia de ocupación permanente marcan una escalada en el desafío contra el régimen iraní. Analistas internacionales observan con atención el desarrollo de los eventos, que podrían representar un punto de inflexión en el ciclo de protestas que periódicamente sacuden al país desde 2022.










